Por Pablo Berman
Durante años aprendimos a identificar al acosador laboral: un jefe, un compañero o un grupo de personas que, de manera sistemática, hostigan a un colaborador hasta afectar su desempeño, su salud o incluso forzar su salida de la organización.
El mobbing es una forma de acoso psicológico en el ámbito laboral, caracterizada por conductas hostiles, repetidas y sistemáticas dirigidas contra un trabajador, con el propósito o el efecto de intimidarlo, aislarlo, desacreditarlo o deteriorar sus condiciones de trabajo.
Pero en este nuevo mundo al que nos enfrentamos, la Inteligencia Artificial plantea un escenario que merece, al menos, una reflexión.
¿Qué ocurriría si alguien utilizara la IA como herramienta para ejercer el hostigamiento?
No me refiero a que la IA «tome conciencia» o decida acosar a alguien. Me refiero a algo mucho más realista… y probablemente más preocupante.
Imaginemos los siguientes escenarios:
- un sistema de IA es configurado para asignar siempre las tareas más ingratas a una persona.
- un algoritmo genere evaluaciones sistemáticamente desfavorables.
- Un asistente generado para enviar a determinada gente comentarios desfavorables sobre su pertenencia (religión, sexo, género, peso, etc.)
- O que un asistente virtual o una herramienta de comunicación deje de compartir información relevante con un empleado, aislándolo poco a poco del resto del equipo.
Incluso la IA generativa podría utilizarse para producir comentarios, informes o comunicaciones que, sin ser abiertamente ofensivos, erosionen de manera constante la credibilidad de un profesional.
Aclaremos algo desde el principio: el IA siempre es y será un software, el acosador seguiría siendo humano.
La diferencia es que la IA podría transformarse en el instrumento perfecto: aparentemente objetiva, incansable, escalable y capaz de ocultar mucho mejor la intencionalidad detrás de cada decisión.
Hasta ahora hemos debatido sobre los sesgos de la IA, la privacidad, el reemplazo de empleos o la transparencia de los algoritmos.
Sin embargo, me pregunto si no estamos dejando de lado otra cuestión. La pregunta es en qué manos dejamos el uso de la IA de la Empresa.
¿Estamos preparados para prevenir el uso malicioso de la Inteligencia Artificial dentro de nuestras organizaciones?
Quizás, dentro de algunos años, ya no alcancen los protocolos tradicionales de prevención del mobbing. Tal vez también debamos auditar cómo se entrenan, configuran y utilizan las herramientas de IA que intervienen en la gestión de personas.
Porque la tecnología nunca reemplaza los valores de una organización.
Solo amplifica la forma en que quienes la dirigen deciden utilizarla.
Y para los que creen que este riesgo es una preocupación futura y lejana, analicen el avance que han tenido las tecnologías en los últimos años y pregúntense nuevamente si este es un problema que aún está demasiado lejos



