por Pablo G. Berman
¿ Llegaremos a ser obsoletos ?
El acrónimo que emerge con fuerza y genera mayor preocupación es FOBO: el miedo a quedar obsoleto (Fear of Becoming Obsolete). Diversas encuestas de mercado reflejan el temor de quienes creen que su profesión podría perder vigencia. Las cifras son claras: un 22% en EE. UU., un 26% en Canadá y un promedio del 37% en Europa.
Los expertos advierten que esta inquietud es una tendencia crítica que la alta dirección no puede ignorar. Cada vez más profesionales se plantean interrogantes profundas: «¿Quién soy?», «¿Cuál es mi valor en el mercado actual?», «¿Tengo futuro laboral?» o «Si no tengo experiencia en IT, ¿estoy condenado?».
Algunos de los lectores seguramente han conocido algún caso, o incluso algunos casos, de personas que enfrentaron la eliminación gradual de su puesto y, al sentir que sus competencias ya no son demandadas, terminaron por rendirse. Estos temores se reflejan incluso en datos que registran una caída del compromiso y de la productividad en ciertos entornos de trabajo, donde muchos colaboradores simplemente «han bajado los brazos», según advierten consultores ejecutivos en EE.UU.
El fenómeno no es enteramente nuevo: ya ocurrió en ciclos anteriores, como durante la adopción masiva de sistemas ERP o la automatización industrial. Sin embargo, el motor actual es la IA, la que, al tratarse de una tecnología disruptiva y en rápida evolución, dispara los niveles de ansiedad a una velocidad distinta a la de crisis pasadas debido a la innovación y a la falta de expectativas de apreciar un techo a su desarrollo.
La percepción del riesgo varía según la etapa profesional:
- Perfiles con experiencia: Observan cómo la dirección justifica despidos y reestructuraciones amparándose en la adopción de IA.
- Perfiles júnior: Temen que las herramientas digitales absorban las tareas de entrada (entry-level), privándolos de la oportunidad de consolidarse y demostrar su valía.
El desafío y responsabildad de los líderes
Frente a este escenario, los líderes tienen el rol decisivo de mitigar el FOBO. Es prioritario que los equipos de Comunicación Interna y Gestión de Personas transmitan un mensaje claro: la IA busca potenciar la capacidad humana, no reemplazarla. Como señalan consultores con experiencia en transformación empresarial: «En el centro de todo entorno laboral preparado para la IA está la asociación entre el ser humano y la tecnología: personas y tecnología aprendiendo y logrando objetivos juntas».
Asimismo, es necesario aportar perspectiva temporal. Si bien la IA transforma la dinámica de trabajo, el cambio no ocurre de forma intempestiva. Un estudio del MIT estima que hacia 2029 la IA ejecutará con alta precisión la mayoría de las tareas basadas en texto. Esto otorga una ventana estratégica de un par de años para que las organizaciones formen a sus colaboradores y estos adopten nuevas competencias.
La responsabilidad empresaria ante la incertidumbre
Los trabajadores no le temen al aprendizaje, sino a la indefinición. Salvo contadas excepciones, la disposición a incorporar herramientas digitales es transversal a las edades, siempre que se supere la visión superficial de la IA (como mero asistente para tareas hogareñas o nutricionales) y se entienda su impacto en la productividad real.
Por ello, las organizaciones deben responder con programas formales de capacitación y planes de desarrollo adaptados a cada momento vital. En este punto, el propio área de Gestión de Personas puede apalancarse en la IA corporativa para diseñar e individualizar esas rutas de aprendizaje de manera precisa.





